viernes, 24 de marzo de 2017

OBRA EL QUIJOTE


ACTO I
DQ: Oh, que buena mañana hace para salir a buscar aventuras y, ¿por qué no? ¡Una bella dama a la que amar! DQ: ¡Sancho panzaaa, Sancho Panzaaaa! 
SP: Dígame señor. DQ: Voy a salir por los caminos de La Mancha, a combatir grandes aventuras. 
SP: ¿Qué dice? Señor, usted ya no está para tantos agetreos, es mejor que se quede en casa descansando. DQ: No voy a pasar el resto de mis días encerrado aquí, quiero ver mundo, descubrir cosas nuevas, ¡y lo haré! SP: Bien, pues entonces yo le acompañaré. 
(Don Quijote y Sancho salen por los caminos de La Mancha, montados sobre sus caballos. A mitad de camino se encuentran una muchacha y se acercan a ella).

ACTO II
DQ: ¿Qué ven mis ojos? ¿Qué hace tal hermosa dama sola por estos recónditos lugares? 
SP: ¿Hermosa? ¡Este hombre ha perdido la cabeza! 
D: Anoche salí a pasear y me perdí entre la oscuridad. Llevo todo el día caminando sin rumbo, tengo sed y estoy muy cansada. 
DQ: Permítame que la lleve a mi hogar, allí podrá descansar.
SP: Pero señor, llevamos más de una hora de camino... 
DQ: No podemos dejar a esta joven señorita aquí, sola y perdida. 
SP: Ya ya...Pero...No creo que Rocinante pueda aguantar mucho más sin pegar un trago de agua y descansar un poco. 
D: No os preocupéis, lo menos que quiero es molestar... 
DQ: ¡Tonterías! Mi caballo es lo suficientemente fuerte como para aguantar hasta una semana entera sin parar. Así que no se diga más, vamos a llevar a esta bella mujer a nuestro hogar. 
D: ¡Gracias mil, de verdad! Permitidme que me presente, soy Dulcinea, mucho gusto. 
DQ: Mi bella Dulcinea... Yo soy Don Quijote de La Mancha, apuesto caballero en busca de
nuevas aventuras.
SP: Yo soy Sancho Panza, su fiel compañero. 
DQ: Y bien...Ahora vamos, móntese en mi caballo y volvamos a casa. 
(Don Quijote, Sancho y Dulcinea regresaron a casa. Mientras Dulcinea descansaba un poco, Don Quijote y Sancho Panza conversaban en el salón).

ACTO III
SP: Señor, ¿y ahora qué hacemos? ¿Ya no quiere salir a ver mundo? 
DQ: ¡Claro que sí, lo haré! Pero no será ahora... 
SP: Pues como no se de prisa... 
DQ: ¿Insinúas qué mi vida está llegando a su fin? 
SP: No no señor...Es solo que... Sino lo hace ahora, ¿cuando? Usted ya está mayor. 
DQ: Verás amigo...creo que...¡He encontrado el amor! 
SP: ¿Qué queeeé? Definitivamente se ha vuelto usted loco. 
DQ: Dulcinea me ha robado el corazón desde el primer momento. 
SP: ¿Que le ha robado el corazón? ¡Pero si acaba de conocerla! 
DQ: Es la joven más bella que mis ojos han visto. Sus ojos son como estrellas que iluminan mi camino y su sonrisa me hace perder la cordura. ¡Esa mujer tiene que ser para mi! 
SP: ¿De verdad la ve bella? Señor...la muchacha no es muy agraciada que digamos... 
DQ: ¿Cómo? ¡Ni se te ocurra volver a ofenderla! Es la mujer más bella que puede haber, ¡y no hay nada más que decir! 
SP: Para qué decir más... Si usted no entiende a razones... 
SP: Centrémonos en lo importante, ¿qué vamos a hacer? 
DQ: Hablaré con ella y la convenceré de que venga con nosotros. Viviré aventuras, sí, pero ella vendrá con nosotros. 
SP: Está bien, está bien...Como quiera. 
(Don Quijote deja a Sancho y se va dispuesto a hablar con Dulcinea).

ACTO IV
DQ: ¿Cómo se encuentra bella dama? 
D: Mucho mejor, gracias de nuevo por acogerme en su humilde hogar. 
DQ: No hay por qué darlas. Es un placer para mi tenerla aquí, y si usted lo desea, puede pasar aquí conmigo el resto de sus días. 
D: ¿El resto de mis dias? 
DQ: He de reconocer que desde que la vi quedé enamorado de usted, y mi gustaría que se quedase aquí para siempre. Aunque mi deseo es conocer mundo y vivir aventuras, no puedo prometerle una vida tranquila, pero a mi lado no te faltará nada. 
D: Oh Don Quijote, ¡qué bonito eso que ha dicho! Para mi seria un honor ser su compañera de vida. 
DQ: ¡Qué gran alegría! Y ahora, partamos de nuevo por los caminos de La Mancha. 
DQ: ¡Sancho Panzaaaa, Sancho Panzaaaa! 
SP: Dígame señor. 
DQ: Prepara los caballos, en unos minutos saldremos de nuevo a continuar nuestro camino, y Dulcinea vendrá con nosotros. 
SP: Como usted diga. 
(Y así fue como Don Quijote, Sancho Panza y Dulcinea partieron montados en sus caballos por los caminos de La Mancha. Y tras llevar un rato de camino pararon a descansar).

ACTO V
SP: Señor, deberíamos seguir un camino fijo, vamos sin rumbo y si seguimos así nos perderemos. 
D: He oido hablar de unas tierras, Jaén, la tierra del olivar. Donde el verde abunda por todos lados y el aire es limpio y fresco, como nunca antes hemos visto. Sugiero que partamos para allá. 
SP: Yo no es que esté muy de acuerdo, pero lo que ustedes decidan. 
DQ: Me parece bien, ¡iremos para allá!

ACTO VI
(Ya en Jaén...) 
DQ: Qué lugar tan hermoso, ¡Y cuánta gente! 
D: ¿Gente? 
SP: Se refiere a los olivos, supongo. Don Quijote no está muy bien que digamos, está muy mayor y su cabeza ya no funciona correctamente. 
D: Haremos de sus últimos días, los mejores que haya vivido nunca. 
DQ: Yo quiero quedarme aquí, vivir en esa choza y reinar sobre esta multitud de personas. ¡Nos quedaremos aquí!
(Así pues, Don Quijote, Sancho y Dulcinea se quedaron a vivir por esos lugares. Mientras Don Quijote disfrutaba de su locura, mandando como rey, Dulcinea y Sancho se encargaban de su bienestar. Días después Don Quijote murió, pero lo hizo feliz y acompañado de las dos personas que él más apreciaba, su bella dama y su fiel amigo). 
FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario